¿El Castigo Traumatiza a Los Niño?


Los datos disponibles reflejan que la ausencia sistemática de castigo genera consecuencias tan dañinas como su abuso. Lo esencial es que el castigo se aplique cuando el niño sepa que lo merece y nunca de forma arbitraria. Es posible, aunque poco probable, que un niño nunca merezca ser castigado y, por lo tanto, nunca lo sea. Lo normal es que en alguna fase de su vida se plantee algunas prohibiciones como retos, sopesando el placer de saltar la prohibición, el riesgo de ser atrapado y las consecuencias de serlo. Y de paso, calibrando la credibilidad de su entorno (¿qué pasa si mamá me pilla haciendo lo que me ha prohibido?).

sistemática de castigo genera consecuencias tan dañinas para los niños

Esto es especialmente cierto en un genio. Un niño al que se ha aplicado un método educativo correcto y ha desarrollado múltiples conexiones cerebrales tiene mayor capacidad de análisis crítico, curiosidad intelectual y capacidad de adaptación y aprendizaje. No es de extrañar que, desde su infancia, aprenda rápidamente a manipular su entorno para conseguir lo que quiere y a calibrar la credibilidad que merece cada uno de los adultos que le rodea. Está bien que el joven genio se sienta querido y sepa que ocupa un lugar relevante en su familia, pero también tiene que saber que debe atenerse a una disciplina familiar que, a la vez que le confiere obligaciones Concretas, también le atribuye derechos y le da seguridad y protección.

El niño tiene un gran sentido de la justicia

El niño tiene un gran sentido de la justicia. Lo que debe definir que un niño reciba o no un castigo es su propio comportamiento y actitud, nunca la ansiedad o situación emocional de sus padres. Es necesario y conveniente castigarlo siempre que sabe que lo merece y sólo cuando es así, con independencia de que sus padres estén nerviosos, agresivos o cansados.

Cuando el niño comprenda y reconoce que ha infringido una norma debe ser castigado

Cuando el niño comprenda y reconoce que ha infringido una norma debe ser castigado de una u otra forma dependiendo de su edad, de lo que haya hecho y de otros factores. Pero lo esencial en concepto es que, si el niño sabe que lo merece, debe ser castigado y que no serlo en esas circunstancias puede generar consecuencias graves.

El niño puede interpretar la falta de castigo merecido como falta de atención hacia él

El niño puede interpretar la falta de castigo merecido como falta de atención hacia él, incitándole a cometer estropicios cada vez mayores para reclamar la atención de sus padres o educadores. También puede interpretarlo como un reflejo de la falta de fiabilidad de los adultos de su entorno, que no cumplen ni siquiera con las normas que ellos mismos establecen. O también puede incitarle a pensar que siempre podrá manipular su entorno como lo hace con sus padres para evitar el castigo, impulsándole a convertirse en un tirano familiar o a adoptar posturas socialmente inadmisibles. La psicología infantil describe muchas más posibilidades.

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